Todos hemos oĆ­do hablar, cuando se comete un delito, de ā€œpreservar la Escena del Crimenā€; pero pocos se han detenido a pensar que esta preservación no sólo busca, como en las pelĆ­culas policiacas, reconstruir los hechos, esclarecer el crimen y seƱalar al culpable. La finalidad primordial de las etapas de preservación y procesamiento de los indicios es generar convicción plena en el razonamiento del juzgador al momento de dictar su fallo.

Tampoco puede pasarse por alto que esos indicios —que pueden ser restos de cuerpos humanos, muestras de saliva o de sangre, ropa o fragmentos de bala— son de naturaleza frĆ”gil y pueden sufrir alteraciones debidas a imprevistos, como las inclemencias del tiempo o el manejo desordenado o inepto. Por ello, es preciso que en todo momento dichos indicios se manejen siguiendo los procedimientos cientĆ­ficos mĆ”s rigurosos y ordenados por parte de los involucrados en el trabajo pericial.

A partir de 2008, nuestro sistema de justicia penal se fue transformando paulatinamente en uno de tipo acusatorio, con lo cual el trabajo de los peritos adquirió una relevancia impensada y cada vez mayor. No puede ni debe olvidarse la necesidad de procesar de manera adecuada la Cadena de Custodia, pues cualquier ā€œcontaminaciónā€ de los indicios en la Escena del Crimen puede alterar significativamente el resultado final en un proceso penal y de ese modo condenar o absolver a la persona equivocada.